(Fragmento primero)
Oid Mariposa,
Oid esta historia,
Princesa oid,
no creo ser capaz de contaros,
no podría una vez segunda deciros tanto llanto
contar las perlas de su acento
secarlas en el viento acerado de la noche
y mostraros pura su misericordia,
hundir mi mano en la verguenza
para empuñar luego cuajado de diamantes,
tibios recuerdos de memoria inocente y cansada.
golpeada; agobiada por el relajo de los tiempos.
Cuarzo, tus manos entendidas en revestir y reparar pasados deben saber,
la ciencia barroca con sus ponchos y martillos,
con sus soles con sus hilos de rocío... ¡
Oid! Oid todos. Vendrá el silencio cortando.
Rebanando,
separando el tiempo en los tiempos sin historia.
Antes de ello: Oid!
margot loyola - habanera triste
Estos tres poemas siempre me obligan su recuerdo, se los recitaba una y otra vez, siempre, siempre que no recitáramos alguno suyo.....
los poetiches
ESCÓNDEME
Escóndeme que el mundo no me adivine.
Escóndeme como el tronco su resina, y
que yo te perfume en la sombra, como
la gota de goma, y que te suavice con
ella, y los demás no sepan de dónde
viene tu dulzura...
Soy fea sin ti, como las cosas desarraigadas
de su sitio; como las raíces abandonadas
sobre el suelo.
¿Por qué no soy pequeña como la almendra
en el hueso cerrado?
¡Bébeme! ¡Hazme una gota de tu sangre, y
subiré a tu mejilla, y estaré en ella
como la pinta vivísima en la hoja de la
vid. Vuélveme tu suspiro, y subiré
y bajaré de tu pecho, me enredaré
en tu corazón, saldré al aire para volver
a entrar. Y estaré en este juego
toda la vida.
Gabriela Mistral
Él pasó con otra;
yo le vi pasar.
Siempre dulce el viento
y el camino en paz.
¡Y estos ojos míseros
le vieron pasar!
Él va amando a otra
por la tierra en flor.
Ha abierto el espino;
pasa una canción.
¡Y él va amando a otra
por la tierra en flor!
El besó a la otra
a orillas del mar;
resbaló en las olas
la luna de azahar.
¡Y no untó mi sangre
la extensión del mar!
El irá con otra
por la eternidad.
Habrá cielos dulces.
(Dios quiera callar.)
¡Y él irá con otra
por la eternidad!
Gabriela Mistral
Soneto 93
Si alguna vez tu pecho se detiene,
si algo deja de andar ardiendo por tus venas,
si tu voz en tu boca se van sin ser palabra,
si tus manos se olvidan de volar y se duermen,
Matilde, amor, deja tus labios entreabiertos
porque ese último beso debe durar conmigo,
debe quedar inmóvil para siempre en tu boca
para que así también me acompañe en mi muerte.
Me moriré besando tu loca boca fría,
abrazando el racimo perdido de tu cuerpo,
y buscando la luz de tus ojos cerrados.
Ya así cuando la tierra reciba nuestro abrazo
iremos confundidos en una sola muerte
a vivir para siempre la eternidad de un beso.
Pablo Neruda
MAZURCA DE LA SOLTERA - MARGOT LOYOLA
Sus largos dedos de uñas prolijas se extendieron lentamente como una flecha temblorosa al encuentro de una tasa de porcelana que abrazaba un te cubierto de vapor. El aroma inundaba la sala y ya la tasa abrigada en sus frágiles manos comenzó a tintinear como una dulce campana. Ese simple sonido siempre seguirá martillando mis oídos y yo me sentiré más querido y menos solo.
18 horas, octubre, viento y frío, pero Raquel no lo sabía, ya no temía al hielo, la lluvia, la ropa mojada que la había torturado hasta la agonía, solo algunos meses atrás.
Raquel se sentía protegida y narraba su historia.
-Uy.... supieras niña que la tarde cuando los niños me invitaron a tomar el té, jamás imaginé que me iba a quedar por tantos días... Es que me tratan tan bien aquí, son encantadores.
Yo no quería venir, hacía tanto frío, pero pensé que en casa sola me podía aburrir como siempre me pasa... Pues cogí entonces mi abrigo de pieles, ese con la cadenita de oro, me lo puse y me subí al carruaje que los niños, tan gentiles, enviaron para que viniera más segura. Es un carruaje muy elegante... fíjate que lo tiraban cuatro caballos, todos negros con una pinta blanca en la frente, como si todos ellos, los caballos, fuesen hermanos.
Las manos de Raquel se movían cual abanicos explicando.... luego tomaba la tacita que comenzaba a tiritar junto al movimiento de su mano.... Un sorbo con cautela.... - Está rico el té, los niños lo preparan tan rico que no te imaginas.... si quieres le digo a los niños que te sirvan uno... Ellos son tan atentos... Muuuucho... vieras tu. Ah... Y el cochero. ¡Que buen porte!.... Un caballero, tan bien vestido.- Los ojos de Raquel se iluminaban cuando narraba esta historia, siempre la contaba y yo me alegraba de que ella la recordase así. ----------------------
El día que fuimos a buscar a Raquel, había llovido toda la noche anterior. Raquel, una anciana de 83 años, vivía sola en un conventillo derruído, que en un pasado remoto había sido residencia de gente pudiente. Allí raquel arrendaba una pieza que quedaba en el corredor del último patio que se ocupaba en sus tiempos como ala de servicios.
Con la lluvia dicha habitación estaba inundada y el agua estaba a cuarenta centímetros del suelo... así, en ella nadaba la ropa, los excrementos y las escasas pertenencias de Raquel. Su cama también flotaba milagrosamente por la habitación. Raquel vestía seis calzones... varias medias, pantalones varios, muchas faldas, blusas, y un sin fin de chalecos antes de lucir el mentado abrigo, que no era de pieles, ni tenía cadenas de oro, pero sí que estaba, al igual que el resto de la ropa, impregnado a sus orines y otros olores como el carbón, la leña, la traspiración y tantas cosas más. Es por ello que a todo el mundo le daba asco su presencia y ciega como estaba... sin compañía alguna y afirmada en las murallas caminaba sola hasta el almacén de la esquina, donde cada día compraba un vaso de té y un pan como única comida. Obviamente en el almacén hacían todo lo posible por que se marchase luego.... Cosa imposible ya que sus enfermedades y la edad, la hacían caminar a velocidad de caracol.
Ese día conociendo su drama de su propia voz, la invitamos a tomar el té, la subimos a un taxi (el carruaje de los cuatro caballos), y el hedor inundó el carro, su conductor, un hombre común muy poco caballero además, casi vomitó, no prestando atención al frío, bajo los cuatro vidrios y enfiló raudo a la dirección de destino. Morado por la asfixia al negarse a respirar aquel aroma, el hombre bajó del carro, cobró y arrancó a perderse.
Efectivamente tomamos un delicioso té... luego cuando se oscureció, con esa excusa, Raquel se quedó... Lo que se resistió a aceptar es que la lleváramos al baño, y luego de quitar kilos y kilos de ropa, la hayamos bañado, vestido con ropa ajena y la hubiésemos acostado como a una muñeca.
Ese día Raquel recuperó su dignidad y un hogar que la acarició y mimó hasta su último segundo de vida.
(continúa) -------------------------------------
Dónde estás corazón - Tito Schipa
los musikaches
